Divulgación Científica

Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional 

 

Jaime Ornelas Delgado*

Hay quienes afirman que estamos llegando al fin la globalización y de la modalidad neoliberal del capitalismo. Álvaro García Linera, vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, afirma de manera contundente: “La globalización como meta–relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes. Lo que se tiene es un repliegue atemorizado dentro de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie” (“La globalización ha muerto”, La Jornada, 28/ 12/16: 13.).
La afirmación del vicepresidente boliviano no carece de razones y conviene reflexionar sobre algunos acontecimientos que muestran un cambio trascendente en el mundo y, por supuesto, en México.

J. de J. Rogelio Rodríguez Maldonado*

El planeta, la República mexicana, el estado de Tlaxcala y el recurso agua es definido por hidrólogos y especialistas en el tema del agua como un sistema complejo, primero por el número de interacciones; en segundo lugar, abierto por intercambiar materia, energía e información con el entorno; en tercer lugar, dinámico porque estas interacciones cambian en la matriz espacio–temporal y la relación agua–animal racional es definida en un estado estable dinámico, es decir, pequeñas perturbaciones pueden causar la inaccesibilidad y desaparición de este toral recurso natural.

El país en su conjunto y el estado de Tlaxcala enfrentan un sinnúmero de crisis multinivel y retos para sus habitantes, uno de vital importancia es la relación que establece el animal racional con el recurso hídrico, el agua en particular para los diferentes procesos productivos en general y para el consumo humano.

Ricardo Nava Olivares*

El 1 de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC o NAFTA). Si bien es cierto ha habido un aumento importante en exportaciones e importaciones, también lo es que más del 50 por ciento de la población mexicana está en la pobreza, el mercado interno está diluido y el sueño de convertirnos en un país desarrollado promovido por la tecnocracia nunca se alcanzó con el TLC. Pese a lo que se diga, nuestra relación, sobre todo con Estados Unidos y en menor medida con Canadá, es asimétrica. Más comercio internacional, más pobreza, ¿Qué del TLC se va a modernizar?

Desde el inicio de las negociaciones en el año 1990 y hasta su firma en diciembre de 1992, el Tratado de Libre Comercio fue un tema álgido en la agenda nacional, sobre todo por la polarización que generó entre los mexicanos. El tratado representó la cereza del pastel de las políticas de ajuste estructural promovidas e implementadas en la segunda mitad de la década de los ochenta, éstas que fueron impuestas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco de Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, en buena medida reflejadas en el famoso Consenso de Washington (1989), 10 recetas para liberalizar la economía y fomentar por ende el libre comercio y el libre mercado. Las medidas modificaron la política económica, fiscal, monetaria y social, fueron por decir lo menos el entierro del modelo de desarrollo que se había tejido en México desde la mitad del siglo pasado. Nuestro país incorporó de forma importante las políticas macroeconómicas que siguen vigentes en el siglo XXI denominado modelo neoliberal.

María del Socorro Arana Hernández*

Todos los procesos inherentes al devenir actual de la sociedad se mueven gracias a los millones de actores con rostro, nombre y apellido, algunos conocidos y reconocidos, otros en el anonimato o tras bambalinas, pero sin lugar a dudas, sin ellos estos procesos no tendrían las dimensiones colosales de hoy. Un ejemplo de tales procesos y el que nos ocupa en esta primera entrega, es el que refiere al complejo proceso social identificado como movimiento migratorio. Presenta por un lado, transformaciones respecto a magnitud, dirección, características y, por otro, los efectos en el país origen como en el de destino. A finales del siglo XX, se perfilan dos grandes patrones migratorios que se han consolidado en las últimas décadas: uno vinculado a movimientos entre países de la región y, otro de carácter extraregional, que se dirige mayoritariamente hacia Estados Unidos y Canadá.

Alberto Conde Flores*

Al inicio de la década de los noventa del siglo pasado, cuando fui estudiante de antropología social, escuché de uno de mis profesores, el Dr. Severo Martínez, más o menos lo siguiente: Los estudiantes de antropología y sus maestros, van a las vecindades, llevan sus cuadernos, hablan con la gente, escriben lo que oyen y ven, describen la vecindad; ¡creen que hacen antropología! Como suele ocurrir, cuando uno es educando, en ese momento no entendí qué quería inculcarnos el Dr. Martínez. Tuvieron que pasar varios años para que comprendiera sus palabras.

En ciencia social se enseña que la teoría social va de la mano con la investigación, un binomio complicado de conjugar, donde lo importante es la teoría, el problema, la empiria, el diálogo con autores y conceptos. Ahí se dice que el problema de investigación es un problema teórico y que las ciencias sociales, al menos la sociología y la antropología social, son primordialmente teóricas, es decir, hacen teorías. Las ciencias sociales son un cúmulo de disciplinas que tienen por objeto trabajar en torno a la sociedad humana y el quehacer de la misma desde ópticas distintas; en este sentido, es común ver estudios sobre colectivos y/o individuos en los que se consideran aspectos psicológicos, sociales, culturales, ambientales, económicos, históricos, políticos, etc., en espacios y tiempos particulares, con características propias de determinados escenarios.

Dídimo Castillo Fernández*

Lo que podría considerarse como “pensamiento crítico latinoamericano” incluye las aportaciones de un conjunto amplio de autores, cuyas contribuciones teóricas relevantes están orientadas a comprender las problemáticas sociales de la región, desarrolladas desde diversas perspectivas y enfoques, contextos y circunstancias históricas, entre los que sobresalió el marxismo clásico y latinoamericano. No obstante, la proposición de “un” pensamiento latinoamericano no deja de reconocer el carácter plural y abierto del mismo. En cierto modo, podríamos calificar como “pensadores críticos” a aquellos autores comprometidos con las transformaciones sociales y políticas, y a sus obras considerarlas clásicas, no sólo por sus aportes a la sistemática teórica, sino también por sus consecuencias políticas, éticas y morales desde las cuales pensaron e interpretaron la región; y que como parte de esa memoria intelectual, representan un esfuerzo para comprender la sociedad y sus procesos de transformación sociales e históricos.

ciisder aporta propuestas para resolver problematicas socialesCreado en 1992 para contribuir al estudio de las disparidades regionales que se presentan en el estado de Tlaxcala y a nivel nacional, el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional (CIISDER) ha logrado conformar un grupo de especialistas en diversas áreas del conocimiento, cuyos trabajos proponen alternativas de solución a las problemáticas sociales que enfrenta la población.

En este proceso, destaca María Isabel Castillo Ramos, investigadora adscrita a este espacio de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), se ha tenido como acierto la formación de cuadros propios, integrados por alumnos egresados de la máxima casa de estudios local y de los postgrados que oferta este centro, que han aprendido a desarrollar un proyecto de investigación, desde su concepción hasta su conclusión.

Nota publicada:

"Aporta CIISDER propuestas para resolver problemáticas sociales”

La Jornada de Oriente (Tlaxcala) - 10-10-2016

Raquel Guevara Aguilar*

La organización de las actividades económicas del pueblo tlaxcalteca en la época precolombina y posteriormente en la Colonia, se localizó en los llamados mercados o tianguis. Así, por ejemplo, el mercado de Ocotelulco fue el centro de comercialización más importante. Entre los productos principales que comercializaban estaban: maíz, frijol, agua miel, la cochinilla; a cambio de eso recibían productos como cacao, algodón, chile, vainilla, plumas, tabaco, cera y miel; los animales que se distribuían en este mercado eran los guajolotes y una raza de perros llamada xoloitzcuintles. En dicha época no tuvieron animales de carga.

Otros productos que también se comercializaron en este tianguis, aunque no fueron comunes en la región y, por lo tanto, debían obtenerlos de otros pueblos por medio del comercio, fueron los metales preciosos como el oro y la plata.

En lo que respecta a los servicios, entre los principales que se ofrecían en el mercado de Ocotelulco se encontraban: mantenimiento del vestido y del calzado, peluquerías, baños para el aseo personal. Además de los anteriores, fue en esta época que se tuvo la presencia de los cultivadores libres, o también llamados macehuales, que eran aquellos que cultivaban las tierras asignadas a cargos públicos y se les pagaba por su trabajo; también se ha identificado el servicio de los sacerdotes, de los guerreros que obedecían a la clase noble en turno de la defensa del territorio y conquista de otras tierras.

Isabel Castillo Ramos*

Una de las características del proceso de urbanización es el crecimiento de las grandes ciudades o megaciudades, llamadas así por su gran número de habitantes. Gustavo Garza (2000:313) afirma que “la globalización económica dominante al concluir el segundo milenio está espacialmente estructurada en una jerarquía urbana mundial, en cuya cúspide se encuentran tres ciudades: Nueva York, Tokio y Londres”. Por su parte, el fenómeno de metropolización responde a las relaciones entre una ciudad central y su influencia en localidades de la región contigua. La zona metropolitana surge cuando una ciudad rebasa su límite territorial y político administrativo, para conformar un área urbana ubicada en dos o más municipios en los cuales no se ubica la ciudad central (Sobrino, 2003).

Según Héctor Suárez y Ma. Eugenia Negrete (1986), el término zona metropolitana se utilizó y desarrolló en Estados Unidos a partir de los años veinte del siglo XIX y se referenciaba a una ciudad ‘grande’ cuyos límites rebasan los de la unidad político–administrativa que originalmente la contenía.

Dídimo Castillo Fernández*

¿Quiénes son los excluidos y más afectados por el modelo económico dominante? En México, como en otros países que adoptaron el modelo económico neoliberal, gran parte de la clase trabajadora fue relegada de la fábrica al trabajo informal, independiente y precario; y dentro y fuera de ella, los más afectados han sido los jóvenes, dada su vulnerabilidad ante las posibilidades de aspirar y acceder a su primer empleo en condiciones de estabilidad y seguridad laboral, así como la percepción de ingresos justos, acorde con sus niveles de capital humano, generalmente superiores a los de sus predecesores. Sobre ello, y dada la gran heterogeneidad interna del país, Tlaxcala no es la excepción; pero lo que más llama la atención son sus niveles de desempleo de los jóvenes con mayores niveles de educación formal y el aumento de la población joven inactiva y desalentada que, al no cumplir sus aspiraciones ocupacionales, se autoexcluye del mercado laboral; en un contexto sociolaboral adverso, caracterizado por la persistencia de un sector semiproletarizado pauperizado y un gran segmento de trabajadores en el autoempleo informal y precario con una de las peores estructuras de salario medio y condiciones laborales del país.